No soy Ana Grimberg y no me importa

A veces la jornada me queda
un poco chica y le añado parches
o la tiño con balizas
para que merezca recordarse.

A veces me muero.
Estuve muerta —de hecho—y me viví
porque me quise vivir
para vivir más que la vida chica
y ofrecerle asilo
—aquí, junto a ti—
en estos tiznados versos.

Me viví para respirarme
en la apnea.
A pesar de que nada sé
de aves sagradas,
me viví
para que merezca recordarme.

No soy Ana Grimberg y no me importa Leer entrada »

Poemas

Pienso sombra y se desliza un réquiem

Sentí que mi cuerpo traspasaba la piel
hollando la esperanza
que pretendía atrapar con mis labios.

Sentí que llevaba consigo
la melodía de la sangre,
construida de campanas
sin sermones ni badajos.

Cuando dejó de ser carne,
cuando dejó de tener huesos,
se hizo polvo de estrella
vestido de ceniza.
Me entregó mi sombra
y escuché su risa afilada,
como un vinilo
rodando entre cuchillos.

Sentí la humedad de los rostros
que lloraban mi vacío
desde la otra orilla.

Sentí el silencio del réquiem prometido
y ya mi esbozo pudo desvanecerse
e hilvanar la respuesta vivida
a la pregunta ignorada
-no por ello menos sufrida-,
venciendo así al dilema de los espejos.

Pienso sombra y se desliza un réquiem Leer entrada »

Poemas

Ella, otra vez

Otra vez. Menguante.
Litigante. Creciente.
Reincidente.
Vi ayer a la luna con nombre de luna
y sombra de noche
ardiendo en esta mi poesía
mientras era poema.
Bebió de mis versos
y, embriagada, dispuso
la nube de humo de parapeto
para colarse por mi garganta.
Perdí la voz al cerrarse
la puerta que cobija mis palabras.
Desde entonces pienso mar
y el océano se vuelve compacto y negro
y al pensar viento
los peces quedan en suspenso
en el acantilado,
riéndose de los árboles
que se curvan al borde del precipicio.

Ya ni pensar puedo sin que ella
me cante al oído
y me imponga -sí,
me ha robado la cordura-
y me imponga, -como os venía diciendo-,
el color del embozo de mis versos.

Ella, otra vez Leer entrada »

Poemas

Transpira la aflicción intangible

Dicen que exuda la linfa madura,
borbotea impávida sudor carnal
que resopla,
asfixia
y humedece
la piel -el tegumento-,
de tacto viscoso.

Siento sus gemidos azarosos
alterando las imágenes
de un futuro que
ya ha comenzado
a abrazarme del talle.
La negrita letra cursiva
abandona su índole codiciada.
La siento desteñir mis recodos,
como los exiliados
a los que obligan a rendir cuentas.
¿No oís, acaso,
cómo lloran las palabras?

Transpira la aflicción intangible Leer entrada »

Poemas

El andamiaje fluvial del sufrimiento

Cuando quiero ver a alguien sufrir
lo imagino enamorado
—rehén petrificado—
en la orilla cambiante del Támesis,
furtivo de su propia quimera
—con ciega urgencia, podría decirse—
y el rostro de la esperanza
en la nuca gris de una promesa.

Insisto.
Cuando quiero ver a alguien sufrir
lo imagino rendido
—trastabillando indómito—
con los ojos
en la nuca
bajo el vértice invertido
de cualquier río gris
—sí, tienes razón,
cualquier torrente
ampara este entuerto—-.

Altero los factores, sin embargo,
cuando soy yo
la que anhelo penar
cuando atronan mis rastrojos.
Imagino mi postergado vestigio
envuelto en frágil esfera.
De cristal teñido de pasado.
Tal cual.
Descarto inventarme enamorada
en corriente alguna.

El andamiaje fluvial del sufrimiento Leer entrada »

Poemas

¿El 6 del 6 del 26?

la que no seré se cuestiona
—lo cuestiona todo—
cambiar lo que aún se puede
cambiar sin escudos
el punto final
el punto final de la danza
de esa danza ya sin música
el punto final
que no es azul ni es lila
ni nube ni lluvia

la que no seré duda
—duda de todo—
si romper los cálices
si seguir bailando
se pregunta si seguir
pintando las manchas de la cuna
o añadir Pantone 19-1533
a la locura ritual
del efebo o del anciano
—de nuevo la pregunta desnuda—
con tirso, copa y corona

yo sé que no debo pero
la que no seré cavila
cuándo ha de servirse
el siguiente cáliz del sermón
de ese sermón de la liturgia
tibia de la última noche
que volará sin alas

¿El 6 del 6 del 26? Leer entrada »

Poemas
Scroll al inicio