A veces la jornada me queda
un poco chica y le añado parches
o la tiño con balizas
para que merezca recordarse.
A veces me muero.
Estuve muerta -de hecho- y me viví
porque me quise vivir
para vivir más que la vida chica
y ofrecerle asilo
-aquí, junto a ti-
en estos tiznados versos.
Me viví para respirarme
en la apnea.
A pesar de que nada sé
de aves sagradas,
me viví
para que merezca recordarme.
