La voz, con un buen pertrecho,
busca su propio compás:
rima con ripio, ¡jamás!;
verso justo y por derecho.
El canto, aun si está maltrecho,
siempre recupera el son:
cuando el verso es intención,
la rima muestra belleza
y en la sílaba hay certeza,
incluso, en la sinrazón.
