El andamiaje fluvial del sufrimiento

Cuando quiero ver a alguien sufrir
lo imagino enamorado
-rehén petrificado-
en la orilla cambiante del Támesis,
furtivo de su propia quimera
-con ciega urgencia, podría decirse-
y el rostro de la esperanza
en la nuca gris de una promesa.

Insisto.
Cuando quiero ver a alguien sufrir
lo imagino rendido
-trastabillando indómito-
con los ojos
en la nuca
bajo el vértice invertido
de cualquier río gris
-sí, tienes razón,
cualquier torrente
ampara este entuerto-.

Altero los factores, sin embargo,
cuando soy yo
la que anhelo penar
cuando atronan mis rastrojos.
Imagino mi postergado vestigio
envuelto en frágil esfera.
De cristal teñido de pasado.
Tal cual.
Desecho inventarme enamorada
en corriente alguna.

1 comentario en “El andamiaje fluvial del sufrimiento”

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