Dicen que exuda la linfa madura,
borbotea impávida sudor carnal
que resopla,
asfixia
y humedece
la piel -el tegumento-,
de tacto viscoso.
Siento sus gemidos azarosos
alterando las imágenes
de un futuro que
ya ha comenzado
a abrazarme del talle.
La negrita letra cursiva
abandona su índole codiciada.
La siento desteñir mis recodos,
como los exiliados
a los que obligan a rendir cuentas.
¿No oís, acaso,
cómo lloran las palabras?
