En el sonido roto
por un silencio provocado
resonaron las huellas
del polvo audaz
de varias generaciones
de mujeres.
Descendían sin olvidar sus nombres,
único rescoldo de su estigma.
Percibí el desafío
en los ojos de la niña
como promesa de narración
de un futuro vestigio.
Desde entonces
no tiemblan las bisagras
a la vuelta de llave. Decido yo
—con la llama de sus pupilas—
el presagio de fuego
con mi nombre
en la música del poema.

