Transpira la aflicción intangible

Dicen que exuda la linfa madura,
borbotea impávida sudor carnal
que resopla,
asfixia
y humedece
la piel -el tegumento-,
de tacto viscoso.

Siento sus gemidos azarosos
alterando las imágenes
de un futuro que
ya ha comenzado
a abrazarme del talle.
La negrita letra cursiva
abandona su índole codiciada.
La siento desteñir mis recodos,
como los exiliados
a los que obligan a rendir cuentas.
¿No oís, acaso,
cómo lloran las palabras?

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Poemas

Romance de Cebolla y Verso

… A Miguel Hernández.

La noche cierra paredes
con silencio de vil hierro.
Tiembla la luz en el muro,
llueve pesar sobre el suelo.

No queda rastro del aire
ni brisa leve en su aliento,
la piedra guarda su rictus
y enfría todo su cuerpo.

Miguel sostiene cebolla
como quien ama un recuerdo,
pero una luz torna en ocre
y borra ese último gesto.

La tos le rompe despacio
y deja sangre en el pecho,
ninguna voz lo acompaña
nadie alivia ese aire espeso.

El hambre muerde su piel
y apaga el hilo del tiempo.
Cuando la muerte marchó,
Orihuela… lloró al Verso.

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Poemas

‘El oficial en Sihao’ de Du Fu 《杜甫,石壕吏》

暮投石壕村,有吏夜捉人。
老翁逾牆走,老婦出門看。
吏呼一何怒!婦啼一何苦!
聽婦前致詞:三男鄴城戍。
一男附書至,二男新戰死。
存者且偷生,死者長已矣!
室中更無人,惟有乳下孫。
有孫母未去,出入無完裙。
老嫗力雖衰,請從吏夜歸。
急應河陽役,猶得備晨炊。
夜久語聲絕,如聞泣幽咽。
天明登前途,獨與老翁別。

Al anochecer, paro en la aldea de Shihao; cerrada la noche, llega un oficial para reclutar.
Por la pared trepa un anciano y huye; sale a responder la puerta una anciana.
¡Cómo ladra sus órdenes el oficial! ¡Qué amargamente llora la anciana!
Escucho lo que ella dice: sus tres hijos han ido a luchar a Yecheng.
Uno de ellos ha escrito por carta que sus dos hermanos han muerto en combate.
¡Los supervivientes apenas aferrados a la vida, mientras los muertos se han ido para siempre!
No queda nadie más en casa, solo un nieto, que todavía mama,
y la madre del nieto que viene y va de un lado a otro vestida con harapos.
La anciana, aunque débil, ruega al oficial que se la lleve esta noche
para servir en la urgente guerra de Heyang y cocinar el desayuno para el ejercito.
Entrada la noche, las voces cesan, pero me parece oír sollozos ahogados.
Al amanecer, continúo mi viaje, despidiéndome solo del anciano.

 

Contexto: la historia ocurre durante la rebelión de An Lushan , evento que marcó el declive de la dinastía Tang; una época de rebelión, guerra constante, inestabilidad social y, sobre todo, reclutamiento forzoso. El poeta Du Fu posiblemente presenció el evento que narra el poema mientras viajaba para ocupar un nuevo puesto en la corte.

Ilustración del poema «El oficial de Shihao» de Du Fu (1958), de Fu Baoshi (傅抱石, 1904–1965), uno de los maestros más influyentes de la pintura china moderna del siglo XX.

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Poemas

La palabra sostenida: Supervivencia o disolución en la poesía femenina

Cuando lees a siete de las mejores poetas del siglo XX, descubres algo que rompe el mito del poeta maldito: cuatro sobrevivieron escribiendo desde el dolor extremo. Tres no. La diferencia no está en lo que escribieron. Está en cómo lo escribieron.

Pizarnik, Plath y Sexton desaparecieron. Vilariño, Orozco, Correyero y Maillard persistieron. Todas tocaron el mismo abismo. La pregunta obsesionante es: ¿por qué el lenguaje sostuvo a unas y consumió a otras?

LAS QUE SE DISOLVIERON EN EL LENGUAJE

La estrategia lingüística es idéntica en Pizarnik, Plath y Sexton: escriben desde la rotura. La palabra no repara. Nombra la caída mientras caen. El poema es espejo de la disolución, no herramienta de resistencia.
En Pizarnik, la sintaxis se quiebra. Las preguntas quedan sin respuesta. El lenguaje se vuelve contra sí mismo.
En Plath y Sexton, la intensidad es tal que consume al sujeto que escribe. El yo poético y el yo real colapsan en el mismo punto. No hay distancia entre quien sufre y quien nombra.
El resultado: un lenguaje que no sostiene. Que acompaña la caída pero no la detiene.

LAS QUE EL LENGUAJE SOSTUVO

Idea Vilariño invoca la muerte toda su vida. “Ven muerte ven que espero.” Pero hay algo decisivo en su estrategia: la muerte no es disolución. Es un lugar. Un espacio propio dentro del poema. Vilariño no desaparece en el abismo. Lo habita. Lo nombra desde adentro pero sin que la consume.
Olga Orozco desciende a las mismas profundidades. Pero transmuta. No se quiebra. Construye. Sus versos labran el lenguaje, lo tatuean, lo transforman. El dolor existe pero el acto de nombrar lo reconfigura. Orozco resiste.
Isla Correyero, enfermera, trae el dolor real desnudo: “Yo controlo los brazos de la enferma desnuda.” Sin poetización. Sin mediación. La precisión clínica es su resistencia. Nombra lo insoportable sin que le rompa la voz.
Chantal Maillard lo dice directamente: escribir es “forma de supervivencia”. No escape. Supervivencia. El lenguaje no la salva de la enfermedad, del suicidio de su hijo, del vacío. Pero la sostiene en el acto mismo de seguir escribiendo.
La diferencia radical: estas poetas no desaparecen detrás del poema. Se mantienen de pie mientras nombran.

LA DIFERENCIA RADICAL: CÓMO SE NOMBRA

No es el tema. Las siete escriben sobre la misma geografía: muerte, dolor, deseo imposible, disolución del yo. Todas accedieron a territorios iguales.
La diferencia está en la relación del yo poético con el lenguaje.
Pizarnik, Plath y Sexton escriben desde la caída. El sujeto que nombra está cayendo. No hay distancia. La palabra cae con ellas. El poema es registro de la desaparición en tiempo real.
Vilariño, Orozco, Correyero y Maillard escriben sobre la caída. Hay un sujeto que se mantiene de pie, aunque apenas, y observa. Nombra. Resiste. La palabra no se disuelve. Se endurece. Se precisa.
Es la diferencia entre ser consumida por el abismo y habitarlo. Entre desaparecer en el lenguaje y usarlo como herramienta para sobrevivir.
Las primeras necesitaban que el poema las salvara. Les fallaba. Las segundas no esperaban salvación del poema. Esperaban solo que funcionara: que sostuviera, que testimoniara, que resistiera.

DESTINO

Lo que esto revela es que cómo nombras determina qué te pasa. No es poesía mágica. Es mecánica del lenguaje.
Cuando escribes desde la caída, el lenguaje cae contigo. No sostiene. Acompaña la desaparición.
Cuando escribes sobre la caída —cuando hay un yo que observa, que resiste, que precisa las palabras— el lenguaje trabaja diferente. Te mantiene de pie mientras nombras.
Vilariño aprendió eso. Orozco también. Correyero y Maillard lo sabían desde el inicio.
La pregunta para toda poeta que escribe desde el dolor extremo no es: “¿Qué debo decir?” La pregunta es: “¿Desde dónde debo decirlo? ¿Desde adentro de la caída o desde el borde, observando?”
La respuesta decide todo.

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Artículos

¡Atrévete!

Atrévete a cruzar
esa puerta sin nombre,
abraza –sin dudar–
el ansiado día,
no pidas permiso.
Deja la vieja costumbre
en el efímero sueño
donde descansa
la inútil advertencia.
Sabes muy bien
que hay un territorio
oculto en tu pecho,
y sabes que:
aunque algo cambie
no cambiarás tú

sino el mundo.

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Poemas
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