¡Atrévete!

Atrévete a cruzar
esa puerta sin nombre,
abraza –sin dudar–
el ansiado día,
no pidas permiso.
Deja la vieja costumbre
en el efímero sueño
donde descansa
la inútil advertencia.
Sabes muy bien
que hay un territorio
oculto en tu pecho,
y sabes que:
aunque algo cambie
no cambiarás tú

sino el mundo.

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Poemas

Ella

No pide permiso para existir,
aparece visceral. Vomita
un idioma que no se enseña;
arde en la lengua del necio.
No salva ni promete salvación,
nombra todo lo que tú
borras desde la ignorancia.
Y, cuando cualquier día
crees haberla entendido,
descubres que es ella, sí, ella,
quien te estaba leyendo a ti.

—Iñaki Hernán—

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Poemas

Absenta

Será que la ebriedad posada en lo tierno de tu costilla hizo mella con sus vapores de mentira amarga. Supe de ti sabiendo la vuelta; retorno de la bilis, y sin embargo, no sé nada que no sea, que nunca te conocí serena ni ebria, ni rozando mi blanca calavera, ni amamantándote de la absenta perturbada que manaba de mis ojos.
Cuántas generaciones hicieron falta para dejar de ser lo que uno fue, sin empuñar arma blanca para forzar amable los enrojecidos ojos de todo lo que siempre fuimos negando con una sinverdad el miedo a no ser; lo que nunca fuiste. Fuiste todo aquello que tragaste del aliento de los falaces.

Ya no queda, ni absenta, ni ojos, ni lo que nunca estuvo.

—Iñaki Hernán—

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