Voz y Canto

La voz, con un buen pertrecho,
busca su propio compás:
rima con ripio, ¡jamás!;
verso justo y por derecho.

El canto, aun si está maltrecho,
siempre recupera el son:
cuando el verso es intención,
la rima muestra belleza
y en la sílaba hay certeza,
incluso, en la sinrazón.

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Poemas

El Veneno

Bebí el veneno de las calles
a las tres de la mañana, mientras
los faroles parpadeaban
como ojos moribundos. No hay
dios en este vaso, solo
hielo y olvido. Mi pluma
es un cuchillo que se clava
en el papel. La ciudad
me escupe y yo sonrío
con los dientes rotos. Sombras
de bares cerrados se arrastran
por mi espalda. Todo huele
a tabaco viejo y esperanza
quemada. Pero en el fondo
del abismo una pequeña apertura
permite que entre la luz.

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Poemas

Ella: Su tierra, su piel, y nosotros

La búsqueda del sentido trajo una serendipia bajo la luna rosa: la rebusca. La dama del amor, con llanto celestial, desnudó la mentira y gritó: “¿Por qué?”, mientras sus pasos vacilantes se volvían firmes como el roble ante el viento.
Entre la vigilia y el sueño nadie en la plaza osa levantar la voz; por boca de mujer –como tú, mujer–  yo grito: “¡Dejadme tranquila!”, “¡Basta!”. Me voy para siempre, rompiendo las cadenas que la historia forjó con hierro y olvido.
Yo no soy poeta, pero en mi entraña enamorada late una belleza infinita. Tú sabes el camino, sin más; y aunque solo siete días me queden, te quiero con la furia de quien ha callado demasiado. Eso es amor: no solo palabras, sino música, agua y fuego.
Me pregunto qué sociedad sería capaz de escuchar a la mujer: no como eco, sino como raíz; no como adorno, sino como ella misma; columna que sostiene nuestro templo, con manos que sanan y ojos que ven más allá del espejo.
Su voz es río que arrastra piedras del silencio ancestral; su cuerpo, mapa de batallas ganadas sin medallas ni aplausos; en sus venas corre no solo sangre, sino memoria viva de resistencias.
Ella no es flor ni musa decorativa en jarrón ajeno: es arquitecta de futuros, tejedora de puentes sobre abismos de indiferencia. Cuando habla, el mundo se detiene; cuando camina, la tierra aprende a temblar.
Por eso —recuerda—, no midas el valor de la mujer por su silencio, sino por la fuerza con que rompe las cadenas y nos enseña el camino: quien la ignora se pierde en la oscuridad; mas quien la escucha halla la luz que ilumina… a toda la especie humana.

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Poemas Prosa Poética

De cómo la Esencia torna en arte

En la escuela del pueblo aprendí el temblor de lo real, y en el regreso a la infancia vi al padre bordar en el aire la paciencia de los días, mientras Mamá-rama mecía la tarde con una música morena, casi de pan, casi de lluvia. El hombre de gris cruzó la plaza con sus impresiones de ceniza, y la señora Ana, en su sombra, vendía silencio y dignidad. Ciudad Juárez ardía lejos, muy lejos, pero aquí la melancolía sonaba a campana rota, a sal azul, a un invierno de vidrio.
Hoy vuelves, sí, has vuelto a llamar, y ahí estás tú, reflejo del primer amor; Asunta me hizo recordarte como una llama breve en el pecho. Vayamos al mar, donde la ruptura no sea condena sino ola que limpia, y Selene escriba sobre la noche lo que quiero decir:
No al luto del artista ni al hambre de su voz, no a la demencia de quienes le cierran la puerta al Duende escarchado. Sedúceme, amor mío, con un mundo que cuide la obra, que dé al creador pan, tiempo y luz para crecer sin miedo, porque conozco ángeles, sí, pero también conozco la herida de quien sueña distinto y amanece sin salario ni nombre. Un paseo por las estrellas no basta si la tierra niega el taller, si el insomnio del talento se paga con olvido y con miseria.
Por eso digo y canto, a lo onírico: bailemos, locos por el arte, y que la poesía y su gente aprendan la lección de su propia música: quien protege la voz del creador, protege su futuro; porque el arte florece donde hay justicia, y el pueblo, al cuidarlo, se salva… ¡Nos salva!

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Poemas Prosa Poética

Mis hijos

Tengo un hijo que nunca nació.
No veo jamás sus ojos,
pero llora lombrices que se enredan
en mi lengua y juegan entredientes.

También tengo amigos poetas
a los que sólo entiendo yo.
Cuando me lamento por mi hijo
ellos me abrazan con sus versos,
–sin palabras– comparten llagas
nacidas en el velo del paladar
y tapan los agujeros de mi calavera.

Mis amigos nacieron de su madre,
pero su poesía –igual que mi hijo–
no nació para torpes.
Mis amigos poetas

        son hijos míos.

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Poemas

Romance de Cebolla y Verso

… A Miguel Hernández.

La noche cierra paredes
con silencio de vil hierro.
Tiembla la luz en el muro,
llueve pesar sobre el suelo.

No queda rastro del aire
ni brisa leve en su aliento,
la piedra guarda su rictus
y enfría todo su cuerpo.

Miguel sostiene cebolla
como quien ama un recuerdo,
pero una luz torna en ocre
y borra ese último gesto.

La tos le rompe despacio
y deja sangre en el pecho,
ninguna voz lo acompaña
nadie alivia ese aire espeso.

El hambre muerde su piel
y apaga el hilo del tiempo.
Cuando la muerte marchó,
Orihuela… lloró al Verso.

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Poemas
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