Lloraba, cuando escuchó al poeta
decir unos versos en memoria
de su propia madre, ya difunta.
—Crees en la magia y la palabra,
porque tú no lloras a mi madre;
lloras por la tuya —le dijo él.
–No –respondió. Mi madre aún vive.
He llorado porque ahora sé
lo que pasará cuando ella muera
Sí, la única y verdadera magia
de la poesía, no es visible,
ni en el poema ni en el poeta.
Sólo mora en los oídos y ojos
de quienes oyen y pueden ver;
escuchar y aun ver…
sin ver ni oír.
