No pide permiso para existir,
aparece visceral. Vomita
un idioma que no se enseña;
arde en la lengua del necio.
No salva ni promete salvación,
nombra todo lo que tú
borras desde la ignorancia.
Y, cuando cualquier día
crees haberla entendido,
descubres que es ella, sí, ella,
quien te estaba leyendo a ti.
—Iñaki Hernán—
