Rutina en urdimbre de redondillas

El roce de las mañanas
no es deshora sospechosa
para esquivar yo la fosa
y pintar trozos de ganas.

Creo personas simétricas
que engendro con esos trozos,
las cambio por alborozos
y olvido gargantas tétricas.

Mudo así y tomo otro estado,
también para todas ellas,
y ya todas nuestras huellas
olvidan su fiel pasado.

Unos lo llaman locura.
Yo no sé qué puede ser.
Es una forma de ver
que atempera mi amargura.

 

 

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