Fatiga vértigos,
piel sobre hueso, el eco
del sermón mendigo
buscando su nombre.
La palabra, el rumor
de la palabra, perdida,
a pesar de pronunciarla,
alimenta sus vísceras,
seca las uvas de cansancio,
espera su turno
con ojos elevados
soñando con peces.
Lo único que,
tal vez.
