La luna y el gallo

Diríase que cuando crepita blanca la luna
comienzan a croar los lamentos.
Diríase que el romero —enloquecido—
llora entonces porque no sabe nadar.
Diríase que el pozo torna de negro luto
el dolor de la pared del norte,
esa que al recibir el alba
deja ya de temblar.

Si yo pudiese detenerla
¡ay si yo pudiese!
el gallo cantaría coplas de espuma
para que el jardín
se haga amigo del mar.

Scroll al inicio