Mientras nos desacostumbramos

Hablar de almizcles que florecen azules, 
de atrapar la luz azul de las luciérnagas 
que cantan y cantan y no cesan de cantar, 
que también anhelan ser azules. 
Deslumbra, en el peor sentido, 
tanto azul, cielo, marino, cobalto. 
Resulta lesivo tanto cántico 
que renace y resucita y revive y rebrota. 
Y todos lo decimos, sin decir. 
Y nos alejamos. 
Y nos abarrotamos. 
Y mientras anhelamos revivir 
el ciclo de vida de los gusanos de seda
nos preguntamos por qué 
el mar está lleno de pecios 
de silencio de otros colores.

Ya no

el ángel de la guarda
ya no pronuncia mi nombre
quizá
sujeta los hilos
verde aquí y verde allá
—una casualidad—
desde el silencio
simulando negrura
bajo los ojos
o —por puro error—
se traga las palabras 
—sin lengua ni gato—
para obligarme a hablar

se ha tenido que marchar
con la garganta llena de fonemas

Ser o no ser

eres de lo que no eres
latido insomne
en gruta imberbe
emblema
no eso no
un nombre sin rostro
pródigo

el pájaro y la grieta
azul siempre azul
a veces lila
y el espejo 
execrable y ansiado 
son lo que tú quieras
son

lejos de estar bien
sugieres vigilancia
a la lluvia de segundos
más allá de medianoche
por si aparece el sol
y sea lo que no es

Lastre

fuego en el agua
rictus de madre
uva vestal
vidrio de lacre

lágrima trémula
ruido de llave
tinto en el habla
lastre de sangre

¿Prest?

¿lista para volver?
te esperan campos rojos
viento sangre
polvo grana
lluvia de maíz 
en el lado equivocado del candor
donde el francés no sirve para nada
volverás y volverás a partir
y partirás
tremolarás delirios
troquelarás desvaríos
pintarás piedras sin fusil
y partirás
¿lista para partir?
y a tu sombra cantarás
en el cenizo purgatorio
con gallos como clavos
hasta que el viento sangre
sople a favor
hasta obtener la visión beatífica
de la poesía

Ausencia

maniquí viviente
simulando ventanas
en pared sin huellas
donde anida un vacío

que ni es

maniquí mudo
solo alberga la palabra
que engendra silencio

piensa fuego y se propaga
sacrificio y se inmola

muerte y desaparece

R

a la izquierda
o, sola, a la derecha
casi lo mismo
a la rosa no le importa
su tallo enhiesto
estático y miope
que no inerme
que no tronco
crece crece crece
sin distorsión
tratando de hallar 
que no girasol
solo rosa
tu cuerpo desnudo
conjunción
de espuma
delirio
esquirlas
de mariposa de chocolate

Palabras

palabras promesa
palabras tentación

tercas
queman
el conticinio
ebrias
de sol negro
siembran 
con su aleteo 
el miedo 

palabras pesares
palabras aguijón

palabras que no
que no
se las lleva el viento
me sepultan
en tu boca muerta 

¿Estás ahí?

I

Si me fuera dado
el poder de no verte
me besaría los ojos
que fingen sumisos
el silencio de tu presencia.

II

La concavidad se plena de gaviotas
que simulan risas vaginales
en el umbral de los comienzos,
preludio de la boca del mundo.

III

Tal vez las palabras “tal vez”,
tal vez me sanen 
de la llaga de tu ausencia.
Tal vez.

IV

Los oídos se alimentan de 
escamas de peces
que no saben de pájaros
pero ansían tener alas.

V

Cesa el viento,
las gaviotas enmudecen 
y caen del cielo
con rostros que presagian 
el peor de los finales.

VI

No saben 
que detrás de tu nube
ya asoma 
el hilo de una caricia.

Delirio entre minas de fonemas

Cuando hiela el día y hierve la noche 
en la espesura de la constelación
tus lágrimas dudan
entre evaporarse
o mantener su esencia detenida
en diamantes de sal.

En ese momento,
en ese lugar,
no distinguirás 
la cicuta del hinojo,
avanzarás paso a paso
sobre más de cien adoquines
con la incertidumbre
de quien transita
por un campo de minas,

hasta que en tu comunidad 
de palabras abraces aquellas
con las que vivas
un sermón de versos
que te amparen 
y no se suiciden
contagiados por tu miedo.

Siniestro delirio depender
la cordura de fonemas
que ahuyenten a la muerte.