Carta para Idea Vilariño

Querida Idea,
No te moriste un día
te estuviste muriendo
toda la vida
Yo también me duelo
me miedo
tengo el reloj dentro
como una bomba de relojería
demasiados médicos
siempre alerta
la cabeza el hígado
los riñones
Al final llegó tu día
tus huesitos de ceniza
¿tu miedo? ¿o la certeza?
Querida
ya no importa
nada

P.D. Tus palabras me acompañaron donde las batas blancas no llegaban.

Poema plano

Así.
Así, con cuidado.
Ya casi lo tienes.
Despacio.
Bien.
Esto puede valer.

Ya vislumbro las palabras ausentes
de este lienzo
que ha dejado de ser 
obscenamente blanco.

El invierno es ferretería

El hielo es hueco,
guarda dentro su propio frío.
Finge estar lejos,
pero en su corazón late el hierro.

El agua no finge:
abraza tan fuerte
que oxida.
Y la carga del corazón
es ya herrumbre.

 

Saipán - II GM (Julio de 1944)

Arrojó su cuerpo desnudo
al cielo de rocas golpeadas por la mar,
antes de saltar -ella misma-
sobre el interminable filo
de sus propios sentidos ya muertos.

Miró los ojos de los demonios verdes
que extendían, por única respuesta, 
al sacrificio que lavaba su honor,
un brazo metálico.
Silbidos de miedo bajo los cuervos.

Se unió en perfecta comunión
con la carne de su carne, 
con el sabor de su sangre caliente 
Atrás quedaron las banderas, atrás
todas las lunas y todos los colores.

Se agotaron todos los silencios
perturbados por la obscena ebriedad
de los que ennegrecieron la calma
y los sueños huidizos de sus ancestros.
Todo terminó. 万歳

Acantilados banzai. Saipán

Ausencia

Aquí todo sigue desigual,
la silla, el vaso, la luz
que entra por la ventana.
Pero, hay un silencio
con filo de cuchillo.
Alguien no está, y el aire
aprende y comprende:
las cosas se ausentan
y todo se siente extraño,
como si ese vacío
fuese fuerza. Sí, la fuerza
de tu costumbre.
Luego, al cerrar el fin,
entiendes que solo existe
la casa. Una casa

                que te encierra.**

** Se puede leer 'entierra'.

Qué no es el lenguaje

dicen

dicen
que no es la ceniza del muerto
ni el peso del cuerpo cuando duerme
ni la sombra que frunce la frente
que no es el territorio que me habita
ni el agua que bebo
ni el botijo que la contiene

yo no sé de certezas 
pero en mi sucesión de cuotas pagadas
sí percibo el vértigo
en la ceniza en el peso
en la sombra en la frente 
en la tierra en el agua
en el botijo que la contiene

en lo que nace en lo que necesita ser en lo que embriaga
escarcha convulsiona abraza arremete purifica 
en el sudor en la huella en el matiz en el candado
en el polen la túnica la sangre el miedo el torniquete
la noche el rumor el cuchillo

en el estruendo
                         en el silencio

allí donde viaje una respuesta 
que le dé la razón a la vida o a aquello que fue
o puede ser

donde la palabra y más allá y donde no

Si eso es,
conjetura lo que puede no ser.

Tres variaciones sobre el lenguaje

I.

La lengua de la dermis
Me recorre, en silencio, un lenguaje
Tu lenguaje, mi lenguaje, el lenguaje
En la lengua de la dermis
que me sirve para quererte
para odiarte
callarte
Desaparecerte
Desaparecernos

II.

Desaparecernos
Me recorre, en silencio, un lenguaje
En la lengua de la dermis
que me sirve para quererte, odiarte, callarte
Desaparecernos

III.

Antes del salgo
Antes del salgo, el vértigo
                                el veloz aire en el cuerpo

        como una fuerza que protege
                                                        que no quiere

              el golpe,
                                 la muerte